Balandro yo

Balandro yo
EL BALANDRITO, J. SOROLLA
"Regálate como poidas, leutor, e non che digo máis".
A. R. Castelao, Un ollo de vidro.



"-Yo sé quién soy -respondió don Quijote (...)"
Miguel de Cervantes







martes, 3 de enero de 2017

LITERATURA ESPAÑOLA: COTILLEOS LITERARIOS


Para la sección "VIDAS PERSONALES QUE NOS INTERESAN"...

Una de Galdós y Pardo Bazán:



Fotografía de Pérez Galdós


En Miquiño mío (Editorial Turner), obra de Isabel Parreño y Juan Manuel Hernández, podemos observar cómo la relación entre doña Emilia Pardo Bazán y don Benito Pérez Galdós era algo más que la esperable entre dos grandes de la narrativa española del XIX. Y es que... llamarle a alguien "miquiño adorado" o "dulce vidiña", como hacía la escritora gallega en sus cartas al canario debe significar que había cierto cariño de fondo, ¿o no? 

Galdós, maestro de la novela realista, algo mujeriego, y Pardo Bazán, inteligente, cultísima y reivindicativa mujer de letras, formaron la pareja más singular y una conjunción de sabiduría de la que ambos se alimentaban mutuamente. 


Leamos algo más sobre este libro en una revista cultural:
http://www.jotdown.es/2016/05/dia-pardo-bazan-galdos-se-juraron-sexo-eterno/

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Ya puestos, os aconsejo la siguiente RUTA LITEARIA de Pardo Bazán por Madrid, qué bueno, ¿verdad?
http://itinerariospardobazan.blogspot.com.es

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Y, por último, unas palabra de la niña Pardo Bazán que deberíais leer con atención, y que también aparece en el enlace indicado arriba:

“Era yo de esos niños que leen cuanto cae por banda, hasta los cucuruchos de especias y los papeles de rosquillas; de esos niños que se pasan el día quietecitos en un rincón cuando se les da un libro, y a veces tienen ojeras y bizcan levemente a causa del esfuerzo impuesto a un nervio óptico endeble todavía. Obra que cayese en mis manos y me agradase, la leía cuatro o seis veces y de alguno, señaladamente del Quijote, se me quedaban en la fresca memoria capítulos enteros, que recitaba sin omitir punto ni tilde.”

“¡Libros, muchos libros, que yo podía revolver, hojear, quitar, poner otra vez en el estante!”

“Vinimos a establecernos en la Coruña, y en el vasto caserón severo y silencioso, donde ningún niño de mi edad me convidaba a jugar y correr, descubrí un tesoro análogo al de Sangenjo. Al lado de las puertas de hierro que defendían el archivo, alzábanse otras no menos graves; un día se entreabrieron permitiéndome columbrar un nido de libros, que rondé incesantemente, hasta que lo dejaron a mi disposición, pues mis padres veían con gusto mi afán de lectura. ¡Qué tardes me pasé entregada al placer de los descubrimientos inesperados!”

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